La monarquía se perpetúa en Bután, el reino más misterioso del mundo

La monarquía se perpetúa en Bután, el reino más misterioso del mundo

El Rey Dragón Jigme Khesar Namgyal Wangchuck con su familia - REUTERS

Perdido entre las cumbres del Himalaya, que lo atrapan entre dos gigantescos países como China y la India, el pequeño reino de Bután sigue siendo uno de los lugares más exóticos y misteriosos del mundo. Con una superficie similar a la de Extremadura y solo 750.000 habitantes, esta aislada nación es el último «Shangri La» que queda sobre la Tierra, aquel idílico destino entre las montañas del Tíbet que describiera James Hilton en su novela «Horizontes perdidos», luego convertida en un clásico del cine.

Hasta 1960, Bután no tenía ni carreteras ni moneda y permanecía cerrado al exterior. De hecho, solo permite la entrada de turistas y periodistas desde 1974 y, para evitar una invasión mochilera como la que sufre el vecinoNepal, hay que pagar 200 dólares al día (180 euros). Un visado prohibitivo que limita las visitas a solo 20.000 extranjeros cada año en Bután, donde la televisión llegó en 1999 y la riqueza se mide no por su crecimiento económico, sino por su índice de Felicidad Nacional Bruta.

Al tiempo que se aferra a sus tradiciones, este diminuto reino ha emprendido una progresiva modernización y democratización desde que su anterior soberano abdicara a favor de su hijo, el Rey Dragón Jigme Khesar Namgyal Wangchuck, quien fue coronado en 2008 y tiene ya 36 años.Educado en Oxford, el joven goza del cariño popular por continuar la senda de las reformas constitucionales y en 2011 deslumbró al mundo al casarse con la bellísima plebeya Jetsun Pema, hija de un piloto de líneas aéreas, en una colorista boda propia de un cuento de hadas.

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Boda del Rey Dragón con Jetsun Pema en 2011- AP

A principios de febrero, la pareja tuvo su primer hijo, el «Gyalsey» (Príncipe), que perpetúa un linaje que dura ya más de un siglo y va por su quinto Rey Dragón en el trono. Tras su nacimiento, los monarcas han mostrado en las redes sociales al bebé, cuyo nombre aún no ha sido anunciado, para compartir su júbilo con sus súbditos. En dichas imágenes, tomadas en los jardines del palacio real de Lingkana en Timbú, la capital butanesa, los reyes aparecen con sus ropas tradicionales posando junto a su pequeño, envuelto en un bonito manto dorado.

Su nacimiento, además, ha coincidido con la fiesta del Losar, el año nuevo tibetano que se celebra en esta nación budista. Al igual que hizo durante la boda de sus padres, el «Je Khenpo», el abad que ostenta la máxima autoridad religiosa de Bután, ha confirmado la buena salud del heredero y de la reina, de 25 años, «gracias a las bendiciones de las deidades guardianes protectoras del Dharma y las oraciones del pueblo».

Uno de los primeros regalos de dignatarios internacionales que reciba el bebé será el de los duques de Cambridge, Guillermo y Catalina, cuando visiten en primavera la India y Bután. Para los habitantes de este remoto reino, ambos protagonizaron en 2011 la «otra gran boda del año» tras la de sus propios soberanos, que fue el acontecimiento mediático más importante que ha vivido el país. Junto a sus viajes por Canadá y Estados Unidos en 2011, el Lejano Oriente en 2012 y Australia y Nueva Zelanda, será otra importante misión para la pareja real británica con el fin de afianzar sus relaciones diplomáticas en esta parte del mundo que, como la India, perteneció hace décadas a sus colonias y aún forma parte de la Commonwealth. Allí, los duques de Cambridge esperan poder seguir los pasos de la madre del príncipe Guillermo, la princesa Diana de Gales, y visitar el Taj Mahal, como hizo ella en 1992 poco antes de anunciar su separación con el príncipe Carlos.

Mientras que la India ha visto pasar a varios miembros de la Familia Real británica, desde la Reina en 1961 hasta el príncipe Carlos y Camila Parker-Bowles en 2013, Bután ha sido mucho menos visitado. Tras los viajes del príncipe Carlos en 1998 y del príncipe Andrés en 2010, los duques de Cambridge serán los terceros en recalar en este singular país donde, por «glamour» y atractivo, se les compara a sus propios monarcas.

 

Fuente: ABC

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