Incursiones neonazis en el pueblo que dejó de ‘matar judíos’

Incursiones neonazis en el pueblo que dejó de ‘matar judíos’

El cartel de entrada al pueblo con el nombre cambiado y una cruz gamada. EL MUNDO

El alcalde denuncia una escalada de vandalismo para amedrentar a los vecinos y evitar su hermanamiento con una localidad israelí

Castrillo Matajudíos es oficialmente desde hoy Castrillo Mota de Judíos

Comandos neonazis aprovechan la oscuridad de la noche para hacer pintadas, destrozar carteles y vandalizar el mobiliario urbano con la finalidad de amedrentar a los vecinos, en su mayoría personas de avanzada edad. La última incursión se produjo la noche del 2 de mayo y busca evitar que este pueblecito burgalés siga adelante con su hermanamiento con la localidad de Kfar Vradim en Israel.

La lucha de Castrillo Mota de Judíos, antes Castrillo Matajudíos, por recuperar su memoria sefardí y hermanarse con Israel está resultando ser dura y ardua. Este pequeño pueblo burgalés había pasado totalmente inadvertido para la opinión pública hasta que en 2014 su alcalde, Lorenzo Rodríguez Pérez, montó un referéndum para que sus 56 habitantes escogiesen entre mantener su antiguo nombre, “Matajudíos”, u optar por el camino de la reconciliación.

Desde entonces, grupúsculos de extrema derecha comenzaron a hacer incursiones en el pueblo: primero de día repartiendo pasquines, luego montando manifestaciones y, finalmente, durante la noche con incursiones que se encargan de destrozar la cartelería, el mobiliario urbano y pintar el pueblo con cruces gamadas y otras enseñas neonazis.

“Son gente de fuera que pertenecen a partidos extremistas que no saben respetar la voluntad del pueblo”, explica a EL MUNDO su alcalde, Lorenzo Rodríguez.

El alcalde afirma que aunque las pintadas vengan suponiendo una constante desde que comenzó la campaña por el cambio de nombre en este pueblo, su reiteración y un aumento del acoso por parte de los fascistas antisistema le ha llevado a decir basta y denunciar la situación ante el New York Times.

“Piensan que pintando carteles pueden amedrentarnos. La gente mayor se asusta y esta vez hemos decidido denunciarlo porque son gente que no quiere que hagamos el hermanamiento con Israel, que no hagamos un centro de interpretación y recuperemos nuestra raíz sefardí”, asegura.

Desde el pueblo defienden que siempre han tenido una actitud tolerante con las voces discordantes con el cambio de nombre y las iniciativas propagandísticas que les acompañan.

“Cuando vino el embajador de Israel les dejamos expresarse y manifestarse aunque había voces que pedían que no les diésemos cabida. Nosotros siempre nos hemos preocupado por dejarles expresar su opinión respetando a los demás. Lo que ocurre es que ellos no nos han respetado a nosotros”, se defiende.

Asimismo, Rodríguez también cuenta cómo recibe llamadas telefónicas que le invitan, por decirlo suavemente, a dar marcha atrás. “Siempre hemos tenido pancartas y llamadas diciendo que parásemos y que no tenemos vergüenza. Yo les escucho y les digo que voy a seguir adelante y que el pueblo va a seguir adelante”, comenta. “No nos van a hacer que vayamos para atrás. Vamos a recuperar el pasado sefardí”, añade.

Un acoso que llevaban tiempo sufriendo pero que, sin embargo, ha provocado que el alcalde alce la voz y diga basta con la esperanza de que cesen las incursiones ultraderechistas que tienen intranquilas a las personas de edad más avanzada. “El cambiar los carteles nos supone un coste y la gente mayor le tiene temor o respeto. Muchos me dicen ‘¿Esto no traerá cosas mayores?'”, asegura el Rodríguez. El alcalde, con una determinación firme, sostiene “una minoría no puede doblegar la voluntad de una mayoría”.

Asimismo, el cabeza del ayuntamiento de Castrillo Mota de Judíos sostiene que su partido, Ciudadanos, le apoya en esta recuperación de la memoria histórica del pueblo. “Me dicen que siga adelante”.

 

Fuente: El Mundo

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