La seguridad de los encierros, cuestionada tras nueve muertos

La seguridad de los encierros, cuestionada tras nueve muertos

Nueve personas han muerto este verano durante los encierros y festejos taurinos que, todos los años, se reproducen por numerosos municipios de España. Una exhibición de recortes de vaquillas en Lerín (Navarra) se cobró el pasado domingo la última víctima, un hombre de 29 años, que sufrió una cornada en el abdomen después de resbalar en la arena. El elevado número de fallecidos, el más alto del lustro, reabre el debate sobre la seguridad en estas celebraciones. Unido a las denuncias de maltrato animal. En diferentes localidades del país, partidos de izquierda abogan por su supresión.

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El toro ‘Neurona’ embiste en los encierros de San Roque (Cádiz). / EFE

Después de que un hombre de 55 años, vendedor de un puesto de la ONCE, recibiera el pasado jueves una cornada que le cercenó la arteria femoral del muslo en los encierros de Blanca (Murcia), que acabó causándole la muerte; llegó al punto de emergencias habilitado por el Ayuntamiento otro herido por asta de toro —en la ingle y en la pierna izquierda—. “Apareció con chanclas y bermudas”, relata el nuevo regidor del municipio, Pedro Luis Molina (PSOE), que acaba de desembarcar en el Consistorio tras las elecciones del pasado mayo y que ya estudia, según admite, nuevas medidas para controlar que los participantes en estos festejos “vayan en condiciones”. “Para minimizar así el riesgo”, afirma el regidor.

El verano de 2015 ha dejado, hasta ahora, nueve fallecidos en encierros y festejos similares. Estos engruesan una lista que, según los datos recabados por Europa Press, suma cerca de 70 muertos en los últimos 15 años —de ellos, tres eran mujeres—. 2009 y 2012 fueron los años que más víctimas registraron: diez y ocho personas, respectivamente, frente a los dos que se contabilizaron en 2000, 2002, 2005 y 2006, según este recuento.

“Llevamos años denunciando estos festejos porque suponen una violencia implícita que pone en peligro a las personas y a los animales”, explica Silvia Barquero, presidenta del Partido Animalista (PACMA), que consiguió que la Intervención Central de Armas y Explosivos de la Guardia Civil, con sede en Madrid, cuestionara este mes otro de los encierros más populares del verano: los Sanjuanes de Coria (Cáceres).

“No sabemos hasta qué punto las medidas serán efectivas”

El riesgo cero no existe. Así de contundentes se pronuncian, consultados por EL PAÍS, los regidores de varios municipios donde se celebran estos festejos. Uno de ellos admite que deben multiplicarse las medidas de seguridad para evitar la participación de quienes no están en un estado óptimo —por consumo de alcohol, por ejemplo—. “Pero no sabemos hasta qué punto serán efectivas. La afluencia es masiva”, añade el regidor de Blanca.

El debate sobre la seguridad en los festejos taurinos también aborda el método utilizado para sacrificar al animal. “Creemos que no se daban las condiciones de seguridad adecuadas para efectuar disparos entre tanta gente”, explica Ecologistas en Acción, que denunció la pasada semana la muerte a tiros —con un rifle— de una vaca durante un encierro campero en Lominchar (Toledo). El PSOE de la localidad, en la oposición, también atacó al equipo de Gobierno (PP) por no contar con las “necesarias medidas de seguridad” para festejos multitudinarios.

El máximo responsable de este departamento del instituto armado consideró que el sacrificio en junio de uno de los animales utilizados en los festejos, con un disparo de escopeta en plena vía pública y rodeado de vecinos, “puede constituir una infracción grave” de la Ley de Seguridad Ciudadana. El informe de la Guardia Civil duda de las medidas de seguridad adoptadas, aunque el Ayuntamiento y la delegación del Gobierno defendieron que se cumplió con la ordenanza municipal y la ley autonómica —las comunidades se encargan de desarrollar el reglamento que regula este tipo de festejos—.

En Pamplona, meca de los encierros taurinos, la seguridad se ha convertido en las últimas décadas en una de las obsesiones de los equipos de Gobierno. La fiesta y el consumo de alcohol que precede a las carreras, que llegan a concentrar a cerca de 17.000 personas en un solo encierro —el 54% de los participantes son extranjeros—, han derivado en una amplia normativa municipal que sanciona a los imprudentes. Pese a ello, la edición de 2015 dejó diez heridos por asta de toro y 42 traslados hospitalarios, según las cifras del Consistorio, que impuso nueve sanciones: una, por correr hacia las reses; otra, por citar al animal; dos, por tocar o agarrarlo; una, por desbordar la barrera; y tres por grabar en vídeo. La proliferación de esta última práctica, de hecho, preocupa mucho a las autoridades. Sobre todo, después de que un hombre de 32 años falleciese el 9 de agosto en Villaseca de la Sagra (Toledo) mientras grababa con su móvil. No se dio cuenta de que el morlaco se le echaba encima.

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La dimensión política

Las iniciativas en contra de los encierros, que arrastran desde hace años las críticas de los animalistas por el maltrato de los toros, se han multiplicado también en los últimos meses. Esquerra Unida ya presentó el pasado año en las Cortes valencianas una proposición no de ley para prohibir los bous al carrer al considerar que “estas fiestas solo comportan un alto nivel de peligrosidad, causando muertos y heridos graves”. En esa misma comunidad, además, el Gobierno tripartito de Alzira (Valencia) —Compromís, PSPV y EU— ha dejado de autorizar estos festejos. Y en media docena de municipios se va a consultar a la población si se mantienen las celebraciones que impliquen el empleo de toros.

Por su parte, los defensores de estos festejos defienden que los incidentes son mínimos, al compararlos con la afluencia de espectadores. “Lo que prima en estas fiestas es el consumo de alcohol”, reitera PACMA, que añade que estos encierros dañan la imagen exterior de España: “¿Cómo ven los extranjeros esta fiesta? Pues como algo esperpéntico, donde se mata a los animales y donde decenas de personas mueren cornadas”.

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Fuentes: El País / Google

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