Asesinados en la ficción por sus actitudes en la vida real

Asesinados en la ficción por sus actitudes en la vida real

Durante ocho años desarrollaron la idea que Richard Castle y Kate Beckett estaban hechos el uno para el otro. Pero estas últimas temporadas han disminuido sus escenas conjuntas en Castle hasta apenas siete minutos por episodio y este mes se anunció que la actriz Stana Katic no estaría el próximo otoño para “reducir costes”. Era la coprotagonista y ni tan siquiera recibió una llamada para negociar. Puede que los tabloides que afirman que Katic terminaba las jornadas de trabajo llorando por culpa de la actitud de Fillion, la estrella de la función, no sean muy fiables pero algo sucedía en los camerinos. El gélido “se la echará de menos” que Fillion emitió en un impersonal comunicado no ayudó precisamente a desmentir las informaciones. Pero el espectador de Castle sólo tiene un interrogante: ¿matarán a su querida detective Beckett?

No sería la primera vez que una serie de éxito decide asesinar un personaje por problemas detrás de las cámaras. Los fans de Anatomía de Grey todavía lloran la salida de Patrick Dempsey mientras Ellen Pompeo, la desgraciada Meredith Grey, decía esta semana en el programa de Ellen DeGeneres que el drama médico “está yendo muy bien”, que está más “comprometida” que nunca y que es “increíble” todo lo que se puede hacer “sin un pene”. Lo que se podía entender como un alegato feminista también funcionaba como una precisa puñalada dirigida a Dempsey, que supuestamente vivió un affair con una miembro del equipo de producción y así dificultó el rodaje. El invierno pasado, a la vez que recibía el guión mortal, su mujer Jillian Fink pedía el divorcio.

Si Beckett finalmente muere por sus diferencias irreconciliables con Fillion, un escenario que se baraja, ni tan siquiera sería el único personaje principal en morir este año por las razones equivocadas. “¡Jason Rothenberg debería sentirse avergonzado! Asquerosa conducta de un hombre adulto y en situación de poder delante de una persona honesta”, dijo en Twitter la madre de Ricky Whittle. Este hombre de casi metro noventa y enfundado en músculos fue ejecutado en Los 100 con un disparo en la sien. Según los productores, la adaptación de la novela American Gods de Neil Gailman le había apartado del proyecto. Pero el actor prefirió aclarar que abandonaba la serie por culpa del creador: “Jason Rothenberg abusó de su situación para hacer mi trabajo insoportable (…). Profesionalmente me hacía bullying, cortaba toda la trama que debía interpretar, literalmente todo, intentando que tanto yo como mi personaje fuéramos lo más insignificantes posibles”.

El caso de Whittle es inusual porque Hollywood suele tener bien amordazados sus trabajadores. Se emite un comunicado políticamente correcto mientras los tabloides se huelen la versión más mugrienta de la historia. CSI y Gary Dourdan, por ejemplo, no llegaron a un acuerdo para la novena temporada de Las Vegas y los productores prefirieron prescindir de sus servicios. Semanas después le arrestaron por posesión de cocaína y éxtasis, los guionistas se aseguraron de matarle para que no pudiera volver y su espiral de decadencia siguió. En el 2011 era detenido por romper la nariz a su pareja y se declaró en la bancarrota un año más tarde. Los productores no se equivocaron, no. Otra coinci­dencia fue la de Michael Pitt, que coprotagonizaba Boardwalk em­pire, una serie de mafiosos pro­ducida por Martin Scorsese. Según el guionista Terence Winter, habían acordado que su personaje tendría un desenlace trágico. Pero, justo antes de escribir su muerte al final de la segunda temporada, la agencia de representantes UTA echó al actor de la compañía porque era “difícil en los rodajes”, ­según informaciones filtradas al portal Deadline.

Pero el mayor cúmulo de casualidades se dio en la serie Perdidos. ¿Maggie Grace (Shannon) tenía fama de complicada? Pues recibió una bala mortal. ¿Detuvieron a Michelle Rodriguez (Ana Lucia) y Cynthis Watros (Libby) por conducir bajo los efectos del alcohol? Pues las dos supervivientes del vuelo Oceanic 815 murieron en la escotilla. ¿Y qué pasó con Adewale Akinnuoye-Agbaje (Mr Eko) después de conducir sin el permiso correspondiente? Un monstruo de humo le asesinó.

Más cínicos fueron Trey Parker y Matt Stone, los creadores de la incorrectísima South Park, cuando el actor de doblaje Isaac Hayes abandonó la serie porque se habían burlado de la cienciología. Escribieron una despedida única utilizando grabaciones antiguas de Hayes: su personaje era captado por una secta que le lavaba el cerebro y le convertía en pederasta. Para colmo, caía fulminado por culpa de un ­rayo y un oso pardo y un puma ­mutilaron su cadáver. Nicollette Sheridan, que todavía está en los juzgados porque Marc Cherry, el creador de Mujeres desesperadas, presuntamente le dio una bofetada durante el rodaje, falleció electrocutada al bajar de un coche. Cuando Loles León pidió más dinero para seguir en Aquí no hay quien viva, su Paloma cayó por el patio, quedó en coma y años más tarde la remataron. ¿Y quién puede superar el caso de Jay Thomas, al que no renovaron su contrato en Cheers por una anécdota? Durante una entrevista dijo que su compañera de reparto Rhea Perlman era “fea” y, según el guionista Kevin Levine, ella pidió su cabeza. Sus deseos fueron órdenes y le asesinaron fuera de cámara. Hay que andarse cuidado en los platós que, si no vigilas, te matan con un buen golpe de guión.

Fuente: La Vanguardia

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