LA LOCA DIETA DE LOS LOCOS DEL GIMNASIO

LA LOCA DIETA DE LOS LOCOS DEL GIMNASIO

Al mundo de la alimentación no le faltan fenómenos extraños: dietas a cada cual más chiflada, gente que deja de comer determinados productos sin motivo real para hacerlo, pintorescas teorías acientíficas que dictan que cocinar con calor es malo o que los lácteos son veneno Habiéndome enfrentado dialécticamente a seguidores de estas tendencias cual padre Karras ante niña de El exorcista, no me debería extrañar nada sobre la faz de la tierra, pero el domingo entré en contacto con un grupo humano cuyos hábitos nutricionales me impresionaron: el de los adictos a la musculación.

Fue a través de un documental titulado Vigor, que se estrena hoy en Madrid y que TVE emitirá el día 15. La película retrata el universo de la vigorexia en España a través de la experiencia de tres fornidos chicos que, además de pasar media vida en el gimnasio y la otra media mirándose al espejo, se administran todo tipo de anabolizantes y medicamentos para inflar sus carnes sin pensar en los enormes riesgos para su salud. Además, con el objeto de no acumular grasa corporal, se someten a una dieta tan estricta que yo la calificaría de nazi.

En un momento del documental se ve la nevera de uno de los protagonistas, que podría valer como símbolo: está hasta arriba de huevos, atún y carne. “La dieta del vigoréxico”, explica el guionista y codirector del filme, Alfonso Rivera, “se caracteriza por la escasez de hidratos de carbono y un exceso de proteínas, tal como dice en la película la doctora Carmen Gómez Candela, de la Unidad de Nutrición del Hospital de La Paz en Madrid. Los dulces y las grasas están prohibidos en su religión”.

Poco puede sorprender que los hipermusculados no se zampen tartas de chocolate ni cocidos completos. Lo que llama la atención viendo la película son sus peculiares rutinas alimentarias. Comen de cinco a siete veces al día, en pocas cantidades, todo muy medido y controlado. Nunca toman hidratos para cenar, y los que ingieren durante el día se cuentan por gramos. La radicalidad de su dieta llega a impedirles socializar de una manera normal. “Diego, uno de los protagonistas de Vigor, lo cuenta a cámara: si sus amigos se iban a un restaurante, él prefería irse a casa a comer un filete a la plancha o una ensalada”, relata Rivera. “Jamás ingería un helado o una hamburguesa, y no acudía a restaurantes italianos con sus amigos por miedo a la pasta. David, otro de los retratados, confiesa que, cuando sus amigos iban a un restaurante, él se tomaba una Coca Cola light y luego, en la calle, se zampaba el pollo o pavo a la plancha que había llevado en un tupper”.

La ausencia de carbohidratos malignos y aceites mortales se suple con una buena batería de batidos, suplementos y demás morralla seudonutritiva. Productos que, por cierto, están al alcance de cualquiera y son publicitados y promovidos en gimnasios y tiendas deportivas. “El problema no está en la presencia de estos productos en el mercado, sino el abuso en el consumo de los mismos y en que se sustituya drásticamente una alimentación natural por otra artificial”, reflexiona Rivera.

Además de deteriorar su salud física, la dieta pobre en hidratos tiene además un inesperado efecto en las mentes de los vigoréxicos: la “pérdida de grises”. Esther Gómez, una psicóloga que aparece en Vigor, afirma que el cerebro necesita muchos nutrientes para trabajar con normalidad. Si se le niegan, cuenta con menos energía y economiza reduciendo los mecanismos mentales a lo básico y extremando sus razonamientos: bueno o malo, blanco o negro. No hay regulares. “De este modo, cualquier problemilla se convierte en un problemón”, cuenta Rivera. “Uno de los personajes que entrevistamos, en pleno proceso de consumo de anabolizantes (lo que ellos llaman ‘ciclo’) empezó a ponerse agresivo con nosotros, haciendo una montaña de cualquier detalle del rodaje. Tuvimos que dejar de filmar con él porque su estado era muy irascible”.

Espejo, espejito quién es el más musculoso del gimnasio
Espejo, espejito: ¿quién es el más musculoso del gimnasio? / A.R.

A los que sepan algo de anorexia o bulimia, todo esto les habrá sonado muy familiar. Como mal que nace, entre otros factores, de una falta de aceptación del propio cuerpo, la vigorexia está emparentada con dichos transtornos alimentarios. Sin embargo, no está tan estudiada y catalogada como ellos. “Y eso que hay mucha más gente afectada de la que creemos”, apunta Rivera. En concreto, en Vigor se habla de un 10% de las personas que frecuentan habitualmente los gimnasios… y de unas tasas de mortalidad mayores que las de la anorexia.

Queda preguntarse dónde está el origen de este culto enfermizo al cuerpo. Del bien llamado “complejo de Adonis”. Para los autores del documental, la vigorexia es fruto y reflejo de la sociedad en la que vivimos, donde el look y las apariencias priman por encima de otros valores. “Sus afectados son capaces de decir no a placeres tan gratos como los que ofrece una dieta completa a cambio de ser foco de las miradas ajenas, jugándose la salud hasta extremos insospechados”, señala Rivera. “Por eso, uno de los títulos que barajamos al comienzo del proyecto era Yonkis del músculo”.

Vigor se proyecta hoy a las 20.30 en la sala Azcona de la Cineteca de Madrid. A la presentación y coloquio asistirán los directores del documental y varios expertos en vigorexia.

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