Terrible accidente de Alonso

Terrible accidente de Alonso

No hay riesgo de exageración si se afirma que Fernando Alonso volvió a nacer a las seis y media de la mañana de esta madrugada de domingo. El español protagonizó un pavoroso accidente en el circuito australiano de Albert Park.

El español, que está bien, salió de un amasijo de hierros después de que el McLaren quedase destrozado contra los muros

Salió saludando y sin daño de un amasijo de hierros, un reducto del McLaren destrozado después de un terrible vuelo, tres vueltas de campana y un terrorífico impacto contra los muros.

Transcurría el giro 17 cuando Alonso intentó adelantar al mexicano Esteban Gutiérrez. Su rueda delantera derecha tocó al coche Haas del azteca y el McLaren salió despedido como si fuera una peonza sin ataduras. Fue tremenda la imagen.

Alonso y su monoplaza botaron por la pista mientras el McLaren perdía piezas, ruedas y gran parte de su anatomía antes de impactar contra un muro. Cuando la televisión enfocó al bólido, quedaba la mitad de la mitad de su organismo. No era fácil distinguir que aquello era un coche de carreras de Fórmula 1, sino chatarra desperdigada por la pista.

De allí salió Fernando Alonso, de una madriguera escabrosa que pudo tener fatales consecuencias para su vida. Era un coche de F1. De la montonera de hierros apareció el español saludando según mandan los cánones y los protocolos de la F1. Cojeando y entero. Sin aparente daño.

Por su propio pie se marchó del lugar que ya nunca olvidará. El mexicano Esteban Gutiérrez tuvo un gesto de humanidad tan poco habitual en la Fórmula 1 que merece ser destacado. Corrió hacia donde estaba Alonso para interesarse por su salud. «Pasé mucho miedo –dijo el azteca-. Sentí una preocupación muy grande al ver el coche».

Alonso acudió al centro médico de Albert Park, donde los doctores decretaron que solo tenía las consecuencias del terrible golpe, pero ningún daño. «Se me ha movido todo el cuerpo -explicó el asturiano una hora después del accidente-. Me duele todo un poco, sobre todo las rodillas porque chocaban contra las protecciones. Seguramente perdí estaba muy cerca y perdí la referencia del punto de frenada. La mejor noticia es que estoy aquí hablando. Cuando vas a trescientos por hora siempre te juegas la vida».

 

Fuente: ABC

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