Barcelona è Mobile (cual Ada al vento)

Barcelona è Mobile (cual Ada al vento)

  • La ciudad se reinventa en la noche: Lewis Hamilton cena con Cara Delevigne en Parko, en Bocagrande no pueden aceptar una reserva para Bill Gates y 25 amigos, y en El Molino triunfa el jazz de Barcelona Swing Serenades

El congreso que no quería Ada Colau va viento en popa y si de día es una locura, las noches recuperan el espíritu de los Juegos Olímpicos y se vuelven locas. En el año de gracia de 1992 la ciudad se entregó a un acontecimiento en el que colaboramos todos. Familias de Barcelona, conocidas o no, ofrecían cenas a delegaciones y embajadas, mientras que ciudadanos de a pie patrocinábamos a delegaciones deportivas a las que sacábamos de fiesta. Un servidor si ir más lejos le tocó acarrear con los nadadores rusos que bebieron como locos gracias a la generosidad de Up Down y su divina Dolly Fontana; a Otto Zutz y al idem de Guillermo Bonet; y a Distrito Distinto y Joan Guals, desaparecidos ambos pero siempre en el recuerdo. Yo abonaba los taxis y los devolví, sanos pero alterados, de madrugada, a la Villa Olímpica.

Esta introducción sirve para hablarles de que esta noche la ciudad está que arde y suena en mis oídos un tema de Sidney Bechet “Si tu vois ma mere”, que todo cinéfilo recordará porque Woody Allen la usa hasta la saciedad en “Midnight in Paris”, una delicia.Pues bien, usemos el principio y “si tu vois…Lewis Hamilton y Cara Delevigne es que esta noche han cenado en Parko, en los Jardinets de Gràcia, selecto y exquisito japonés donde la extraña pareja ha comido sushi y sashimi con litros de agua mineral, para salir luego con un amigo de él en un Mercedes negro rumbo a lo desconocido, o sea no sabemos donde.

Pero si ustedes cenaron en Bocagrande allí si que “si tu vois… Bill Gates es que finalmente han podido arreglarle la reserva a su nombre y le han colocado a él y a sus 25 amigos en alguna parte del hermoso local.

En cambio si ustedes han escuchado “Si tu vois ma mere” es que han formado parte del selecto público que ha disfrutado en El Molino de una de sus sesiones mágicas de jazz. Las organiza Elvira Väzquez de la mano de Ricard Gili, alma y voz de La Locomotora negra que cualquier domingo por la mañana montan allí sesión con sus 17 magníficos componentes. Pero esta noche la sesión la formaban Oriol Romaní al clarinete, Óscar Font al trombo, Albert Romaní a la guitarra, y Queralt Camps al contrabajo. Una delicia, perfecta en ritmo, tiempo, emoción y entrega, todos bajo el genérico de Barcelona Swing Serenades. Mezclando temas de los años 20 y 30, típicos del jazz de Nueva Orleans regalaron dos horas de magia en las que incluso invitaron a bailar, aunque nadie se atrevió. Al increíble grupo se unió Gili que sintonizó su garganta en el más puro aroma de Louis Armstrong para hacer las delicias del respetable, que es anoche lo fue más que nunca. Estas sesiones las realizan todos los martes a las nueve y suelen terminar a las once. Para mayor comodidad, sirven cena ligera (tortilla, jamón, pollo, y similares), a unos precios más que razonables y asequibles (a partir de 5 euros el platillo). Con el ambiente de la calle, el Mobile de por medio, y las celebridades transitando por aquí, lo de El Molino fue una muesca más de la impronta de personajes que, como Elvira Vázquez reiventa la casa a diario (cabaret, rumba experiencia, Molino after work) para tirar hacia adelante uno de los barcos insignias de esta flota de ilusiones que navega por el asfalto.

Y, por favor, si encuentran a Lewis Hamilton no le digan que la Ada Colau, la alcaldesa de Barcelona tampoco quiere las carreras de coches. Y que si hay huelga de mecánicos no sabrá resolverla. Él se llevaría un disgusto porque está aquí la mar de bien. Al campeón lo miman en todas partes, pero se siente feliz aquí. No le digan nada, dejen, que igual, de una manera u otra se arregla. Como lo de Papa Noel, a quien tampoco traga.

 

Fuente: La Vanguardia

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