Gitano apuñala a un inmigrante guineano en Almería, España

Gitano apuñala a un inmigrante guineano en Almería, España

 

La tensa calma en la que ha despertado Roquetas de Mar esta mañana, custodiada por al menos medio centenar de agentes de la Guardia Civil, contrastaba con el dolor, la rabia y la impotencia de quienes conocían a Amisau M., el guineano de 41 años que murió la madrugada del día de Navidad, apuñalado por un joven de etnia gitana en las inmediaciones del barrio de Los Joaquinicos.

‘Se bajó del coche sólo para ver qué pasaba, por qué no podíamos continuar’

EL MUNDO ha podido hablar con Upa Pereira, un joven compatriota del fallecido, compañero de cortijo y quien, además, conducía uno de los dos coches que protagonizaron el incidente con el grupo de gitanos, en el que precisamente también se encontraba la víctima. “Amisau era sobre todo una buena persona, muy pacífico, él no habría participado en los altercados” que protagonizaron decenas de subsaharianos en protesta por el crimen. Tras la muerte, los inmigrantes comenzaron a agruparse en torno a los conocidos como ‘los pisos de la Shell’ -al encontrarse frente a una gasolinera de esta compañía-, un bloque de viviendas habitado por una treintena de familias gitanas, donde murió la víctima.

Gitano apuñala a un inmigrante guineano 2

Durante toda la tarde del viernes, comenzó a avivarse la violencia y los subsaharianos quemaron al menos una veintena de contenedores de basura, desde Los Joaquinicos hasta el barrio de las 200 Viviendas, en el que hace ocho años también se produjo un incidente similar y donde vive un gran número de inmigrantes. En sus protestas, también rompieron las lunas de escaparates de negocios, apedrearon coches e incluso, según cuentan los vecinos, asaltaron una tienda de telefonía y robaron todo lo que encontraron en su interior.

Esta mañana, en cambio, la violencia había dejado paso a la calma y un gran número de subsaharianos, sobre todo de Senegal, Mali y Guinea, transitaban con total normalidad por las calles de la localidad, después de la tormenta del día anterior. Muchos de ellos comentaban, con tristeza, lo sucedido con vecinos españoles o ciudadanos del Este de Europa, sobre todo rumanos, que también abundan en los barrios de las afueras de Roquetas de Mar.

En los humildes cortijos de la barriada de El Solanillo, donde vivía Amisau, se respiraba, en cambio, un clima de dolor por la muerte de este hombre tranquilo, muy buena persona y que en pocas ocasiones se metía en líos, como le definen todos sus conocidos. Amisau estaba casado y tenía hijos, aunque en su país, a quienes enviaba dinero todos los meses. Su gran esperanza, una vez que él había conseguido legalizar su situación y sus papeles, era poder traerse a su familia pronto a España, donde también vive ya un hermano suyo, aunque en la localidad vecina de La Mojonera.

Upa se muestra entero durante prácticamente toda la conversación con este diario, en la que permanece en el umbral del cortijo que compartía con su amigo fallecido -propiedad de los dueños de los invernaderos en los que trabajaban-, aunque al final, cuando le damos la mano para despedirnos, no puede evitar derrumbarse y le dejamos llorando amargamente esta inexplicable y absurda pérdida. Tanto los jefes de la víctima, una conocida familia de agricultores de La Mojonera que tiene en producción 10 hectáreas de invernaderos en El Solanillo, como otras personas que conocían a Amisau, coinciden en destacar su carácter pacífico. “Me lo encontré el mismo jueves por la mañana, iba a comprar tabaco y me saludó afablemente, era muy buena gente”, comenta José, uno de los propietarios de las tierras.

La discusión

Upa explica que en la madrugada del día 25, cuatro de los cinco ocupantes del cortijo decidieron ir a Roquetas a visitar a unos amigos en dos coches. Sin embargo, cuando circulaban junto a los pisos de la Shell, se encontraron con un coche que obstaculizaba su camino. “No sabíamos qué pasaba, Amisau y yo íbamos en el segundo coche y sólo veíamos que había un grupo muy grande de personas que no nos dejaban pasar“, explica Pereira. Luego sus compañeros, que iban en el primer vehículo, le explicaron que el coche que obstaculizaba su paso pertenecía, presuntamente, a las familias de gitanos que viven en el bloque o que fueron a visitarlos esa noche, quienes se habrían negado a dejarles pasar.

“Yo decidí parar, un poco alejado del grupo, para llamar a la Policía, pero Amisau se bajó del coche, sólo para ver qué pasaba. Lo que pasó después, según le explicaron a Upa, es que uno de los jóvenes gitanos apuñaló a su amigo sin mediar palabra. Amisau cayó fulminado al suelo y habría muerto en poco tiempo. “Creo que cuando llegó la ambulancia ya estaba muerto“, dice Upa, consternado y como si aún no se creyera lo que había pasado.

Nadie en Roquetas parece tampoco comprenderlo, aunque a medida que nos alejamos del foco de los hechos, nos encontramos con versiones cada vez más exageradas. “Los negros han matado ya a un gitano, y han quemado varias casas y coches”, decía a primera hora de la mañana uno de los clientes del bar Moya, en pleno centro de Roquetas, casi en frente de la Administración de Loterías número 2 de la ciudad, que el pasado 22 regó de millones todo el mar de plástico del Poniente almeriense -y benefició a muchos inmigrantes-, donde ahora, apenas horas después, se ha vivido esta tragedia. “Nunca he visto un moreno bueno, deberían devolverlos a sus países conforme llegan a España sin papeles”, decía el mismo cliente anterior.

Otros vecinos españoles de Los Joaquinicos, sin embargo, preferían resaltar la excelente convivencia con los inmigrantes en la localidad, por mucho que hechos como estos, sucedidos en una madrugada festiva y probablemente con el alcohol o las drogas de por medio “son muchas veces inevitables”, como decía un vecino que prefería no identificarse.

Los cuerpos policiales, que han estado presentes toda la noche en los focos principales del conflicto -especialmente custodiando el bloque donde viven los gitanos-, destacaban que, al menos aparentemente, la normalidad había vuelto a Roquetas, aunque se mantendrían todo el fin de semana desplegados en la zona, como ha informado la Subdelegación del Gobierno. Los agentes no informaron a este medio sobre la posible detención del autor del crimen, aunque se confiaba en que se produjera en las próximas horas, y que ello pudiera contribuir a apaciguar definitivamente a la población inmigrante de la comarca.

 

Fuente: El Mundo

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